Mike en la UTN
Todos los videos son del canal de Taty.
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Una nueva entrega de la columna del actor mendocino más famoso a nivel nacional. “Ser artista es una herramienta para no hacer nada”, dice.
sábado, 24 de abril de 2010
Sí, soy vago. No me gusta el esfuerzo. Pero quiero defender esa condición. Por ejemplo, en mi caso, el de un actor, ser vago me hace no leer los guiones; no leer los guiones me hace improvisar; la improvisación hace que muestre más rápido mis falencias y no las oculte tras un halo de solemnidad metódica; y a la vez, el mostrar rápidamente esas falencias, me hace tomar conciencia de mis herramientas, y eso me hace hacerme fuerte en lo que sé que sí tengo a favor, y hacerme fuerte en eso, hace que pueda superar más rápidamente mis falencias, que ya había mostrado, y todo eso me hace reafirmar que ser vago está bien. Sí, soy vago.
Pero el vago tiene mala prensa. Sin embargo, el vago sería incapaz, entre otras cosas, de hacer una guerra, de sostener una gran mentira, o de martirizar a alguien.
Todas esas son cosas que necesitan de demasiado esfuerzo como para ser hechas por él. Requieren un método para ser llevadas a cabo, y la vagancia es, justamente, la negación del método. Para lo único que el vago tiene un método es para el ocio, porque sin una ocupación que le de sentido, el ocio pierde su “gracia”. La vagancia es un mar que necesita de una isla de ocupaciones que justifique navegar en él.
Entonces, en las antípodas del vago no está el trabajador, si no el obsesivo del método y la novedad. Si algo que no me desespera a mi –como exponente del vago- es la noticia, la primicia (“¿Qué hace escribiendo en un diario, entonces?”, me preguntará usted. Yo me pregunto lo mismo, esperemos poder dilucidarlo con el correr de las columnas).
La necesidad que tiene este tipo de obsesivo en saber antes, enterarse de novedades que disimulen sus falencias. El obsesivo del método y la novedad lee, investiga, estudia, hurga, en cambio el vago conversa, esa es la forma en la que llega al conocimiento, por supuesto, con la ayuda de otro.
Yo, por ejemplo, no leo. Un poco porque sé que me voy a olvidar, otro poco por pereza. O por ahí no hay justificación, simplemente no lo hago. Esas cosas son las que trato de evitar, y, para evitar caer en la tentación de hacerlas, tengo siempre un pregunta a mano: ¿Para qué voy a hacer algo si voy a estar pensando cuándo lo dejo de hacer para no hacer nada?
Eso me permite ser vago sin culpas, y ese ocio me da espacio para pensar que de no ser un vago, no hubiese tenido tiempo suficiente para desperdiciar mi vida siendo actor. Como todo el mundo sabe, ser artista es una excelente herramienta para no hacer nada.
Para que nadie se escandalice, no estoy proponiendo que nadie haga nada. Sino que hagan a su manera. Y, en ese sentido, el ocio es la piedra angular del libre albedrío. Hay gente que está tan ocupada en conocer que no tiene tiempo de pensar qué es lo que realmente quiere conocer.
Por eso cuando yo no sé lo que quiero hacer, no hago nada. Es la mejor forma de averiguarlo. Aunque en la mayoría de los casos encuentro respuesta a la pregunta ¿Qué quiero hacer? Y esa respuesta es nada.
Y para terminar me gustaría hacer una reflexión clarificadora, una frase que englobe todo lo que acabo de escribir y le de un sentido único. Pero es demasiado esfuerzo… Y como ya lo sabrán, soy un vago.
Fuente: losandes.com.arAyer por la noche, Mike Amigorena decidió reunir a sus hermanas para una velada de sushi y “puesta al día” de sus asuntos personales luego de un largo tiempo de no verse. Mike anfitrionó el encuentro y divirtió a Lillette, Graciela y su sobrino Gustavo, quien también es actor.
La cita comenzó a las 22.45 hs. y concluyó alrededor de la 1 de la madrugada de hoy. Una gran ronda de piezas de sushi enmarcaron la reunión coronada con un brindis de rico Cabernet Sauvignon Blanc en el Sushi Club de Puerto Madero.
Fuente: puroshow.comEl jueves 29 de abril a las 17hs, en el Aula Magna de la Facultad Regional de Buenos Aires de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN FRBA) (Medrano 951), el actor Mike Amigorena brindará una charla abierta sobre su experiencia personal en el mundo de la actuación: desde sus comienzos hasta su exitoso presente.
El encuentro está enmarcado en el lanzamiento del Proyecto Teatral UTN Buenos Aires que, en el mes de abril, realizó su primera convocatoria para la formación de un elenco estable, a cargo del docente y director de teatro Daniel Vilches.
Para más información, llamar al 4867-7601/7545 o cultura@sceu.frba.utn.edu.ar
Fuente: Prensa, FRBA UTN.
Fuente: universia.com.arMike Amigorena, del “hijo vago de Elsa” al “famoso”. Reflexiones para conocerlo más.
Mike Amigorena ahora reflexiona cual periodista y esta es su columna sobre la fama. Está buena.
“Y que la gola se va, y la fama es puro cuento”, dice el tango “Vieja Viola”. Claro que “la fama es puro cuento” pero ¿quién lo cuenta?
Qué hace que el cuento de la fama exista? Más ahora cuando la fama pasó a ser la primera opción de carrera universitaria entre los niños y adolescentes. “¿Vos qué querés ser cuando seas grande?”, la respuesta a esa pregunta suele ser: “Famoso”.
“El famoso” es lo que “la gente común” quiere ser, aquello inalcanzable, donde todo son fiestas espectaculares, champagne y diversión desconocida para el resto de los mortales. Ahora, si “el famoso” es alguien que hace lo mismo que él, al “común” ya no le dan tantas ganas de ser eso y “el cuento” de “la fama” se esfuma.
Hace algunos días, viví este fenómeno en carne propia. En la misma semana viajé varias veces en subte y participé de un desfile de Verónica de la Canal, al que asistí con mi madre (ella realmente está muy contenta con mi “fama”, no porque le interese que yo sea “famoso”, sino porque está influida involuntariamente por este concepto).
Es inevitable que, para algunos de los vecinos de Maipú -donde yo nací y mi mamá vive- “la fama” hiciera que yo dejara de ser el hijo vago de Elsa, para ser un actor respetable que sale en televisión y le hacen notas en los diarios. Si hasta Rial habla de él, debe ser bueno. Eso, por más que no quiera, influye a mamá… Vieron cómo es, uno no cree en los malos comentarios, (pero que se escuchan, se escuchan).
Paréntesis aparte, lo que descubrí (o más bien, confirmé) es que “la fama” es simplemente una cuestión de contexto. Cuando estaba viajando en subte apenas noté que alguno me miraba, incluso pude vislumbrar alguna mueca de decepción o sorna. “Un famoso” estaba viajando con ellos, en un lugar donde no había supermodelos y bebidas importadas.
Eso no tiene nada de especial, ya no quiero ser “famoso”, o, por lo menos, no quiero ser “ese famoso”, porque ser “ese famoso” significaría estar haciendo lo que estoy haciendo yo ahora, viajar en un transporte público, una cagada.
“Algo debe haber hecho mal o no sería tan famoso”, dijo Stevenson, un escritor británico a quien confieso no haber leído, pero que es autor de una frase que viene al caso (además, siempre queda bien citar a un escritor, más si es europeo).
En el otro polo, estuvo la salida del desfile de Verónica de la Canal, en un importante hotel de Buenos Aires. Periodistas que se agolpaban, cámaras, histeria, gritos. No había dudas de que “un famoso” estaba saliendo. Los particulares se sumaban a la ola.
“Mike para el programa de…”, “¿Van a tener un hijo…?”, “Cuándo llegó tu mamá”, “¿Vas a hacer tele?”, “¡Mike ídolo!”, “Dejá de robar, ladrón” (la fama es así, genera adhesiones y rechazos). Finalmente, después de rogar para que no aplastaran a mi madre, logré salir de eso. Todo, porque ése sí era un lugar de “famoso”, con todo el glamour que eso implica (y esto no es una valoración, es una simple descripción).
Es como Batman y Robin. Si la gente los viera por la calle dejarían de ser superhéroes. Eso es lo que tenía de genial el sketch de Casero y Mex en “Cha Cha Cha”; Batman y Robin puestos a fiar el pan dejaban de ser algo extraordinario y pasaban a ser objeto de los reclamos del panadero por la deuda acumulada.
“¿A quién se lo anoto? ¿A Batman o a Bruno Díaz?”, preguntaba el panadero. A lo que Casero, vestido de Batman, contestaba: “¿Y vos a quién ves?”.
Se puede ver a Batman o a Bruno Díaz, a un “famoso” o a un “mortal”, todo depende si está viajando en el transporte público o en el programa de Rial.
Amigorena es el nuevo columnista de Estilo y figura de nuestro nuevo portal, www.estilo.losandes.com.ar, que será lanzado el miércoles. En esta entrevista, el maipucino más famoso del país confiesa cómo logró no marearse con Los Pells. La primera entrega de “El mundo según Mike”.

El actor maipucino será columnista y cara visible en el relanzamiento de las secciones Espectáculos y Magazine de Los Andes.
domingo, 18 de abril de 2010
Hay altas probabilidades de que sea el tipo con más onda del mundo. Remera ceñida al cuerpo, un maquillaje de esos que sólo un actor sabe tirarse encima y los rulos allá arriba.
Llegó al set de filmación con un equipo de gente que, antes que managers o asistentes, parecen ser sus amigos.
Cuando vemos que los señores y señoras que trabajan en este estudio de Buenos Aires (donde se graban infinidad de publicidades y escenas de TV) se acercan para sacarle fotos, para verlo a centímetros o sólo saludarlo, caemos en la cuenta de que este maipucino amable, de voz bajita y mirada inocentona es una verdadera estrella nacional. Nacional y popular.
Hay una noticia que contar; Mike Amigorena, además de actuar en TV, teatro y películas, desde hoy también es escritor. Es el nuevo columnista de Estilo y la gran figura del portal que se lanzará este miércoles: estilo.losandes.com.ar.
“Me da un gusto muy grande -dice Mike-. Los Andes ha estado cerca desde que nací. Está en mi casa desde siempre. Contar cada semana lo que me produce la vida en Buenos Aires, plasmarlo en el diario, me da mucho placer. Es un trabajo muy ameno. A través de mis columnas los mendocinos podrán sentir lo que siento estando lejos de mi provincia y, a la vez, estando con ella todo el tiempo”.
Se suele decir que, a diferencia de Rosario por ejemplo, los “famosos” que nacieron en Mendoza y partieron hacia las grandes capitales del mundo (recuerden a Quino, si no), rara vez quedan prendidos con su pueblo natal y obvian su terruño incluso en la propia obra. No es el caso de Amigorena, un actor que siempre se preocupó por mencionar sus orígenes.
A la hora de protagonizar la serie más exitosa de 2008-2009 ni siquiera se desprendió de la tonadita patalarrastra. Siempre está volviendo, aun sin haberse ido del todo.
“Estoy ligado a Mendoza por mi familia, mis amigos, por la tierra. Es mi lugar. Tan simple como eso. No puedo desarraigarme del lugar donde nací, crecí. Todo lo que tengo lo cultivé ahí”, confirma.
-¿Te ves en el rol de escritor?
-Es un orgullo poder hacerlo. Es una nueva faceta en mí. Yo soy una persona que no está acostumbrada a escribir ni a leer. Pero la verdad es que la escritura te espera. Es como el tango. ¡Así que vamos a ver qué hacemos con el 2×4 del lápiz!
Pells sin mareos
Da vueltas sobre su propio eje y, bajo los 100° de temperatura de las luces suelta ante las cámaras: “Yo ya encontré mi Estilo”. Quien filma y dirige el spot lo conoce bien (es Sergio Dotta, director de fotografía de “Los Exitosos Pells”), así que, con un par de guiños, filmador y filmado se ponen de acuerdo de inmediato. El propio actor pide ver todas las tomas y selecciona. Vuelve a rodar lo que no le gusta. Improvisa. Ríe. Hace reír.
La secuencia de trabajo incluye las escenas para los avisos de Estilo, una sesión de fotos para esta nota y una larga entrevista que podrá verse en nuestro sitio en breve. Entonces -se supone que para eso están los reportajes- el artista se ve en el trajín de repasar su actualidad:
“Por estos días empecé a filmar ‘Miss Tacuarembó’ en Montevideo (con Natalia Oreiro). Sigo con la obra de teatro ‘La noche antes de los bosques’ en el Teatro La Plaza de Buenos Aires, todos los fines de semana. Me encuentro con muchos mendocinos que viajan por un par de días y se vienen hasta el teatro. Eso está buenísimo”.
-¿Cómo se sobrevive al éxito de los Pells?
-Yo empecé desde el principio, no empecé por el final. Hacer esa tira para mí fue lo mismo que hacer un fracaso. Hice muchos fracasos en mi vida. Ante un éxito, lo único que hago es disfrutarlo, no jactarme de eso. Me dio popularidad, que es lo que se agradece. Eso es una de las únicas ventajas de la TV: la comunicación.
Pero sería necio pensar que con este éxito se me va a allanar el camino. Se disfruta, pero termina. Tenía ganas de terminar y ponerme con una obra tan comprometida como “La noche antes de los bosques”, un texto de Bernard Marie Koltès, muy intenso. Se trata de un dramaturgo francés que se caracterizó por escribir sobre lo marginal, lo lumpen.
-¿Hiciste eso para “lavarte” de la comedia liviana de los Pells?
-Sentí necesidad de hacer eso no sólo para lavarme de la TV (que es algo más simpático y distendido), sino porque necesitaba que la gente se vaya a dormir con una reflexión. Después de haber hecho, durante tanto tiempo, que la gente se vaya a dormir con una sonrisa.
-¿Vas a volver a la tele?
-Puedo volver en cualquier momento. Pero cuando tenga la seguridad de que sea algo de calidad, algo muy cuidado, que deje algo. Porque si bien “Los exitosos Pells” era una comedia para la familia, el personaje dejaba moraleja, contenido, un cierto valor. El mantenimiento de los valores, algo que es muy difícil transmitir hoy. Pero tampoco hoy por hoy tengo necesidad de volver a la TV a como dé lugar, porque no me gusta trabajar todo el tiempo.
-¿No sentiste que la alta exposición se te fue de las manos?
-No, vengo con un camino hecho de mucho sacrificio. Sucede en todos los oficios. Lo que pasa es que uno no sabe cómo le va a un arquitecto cuando gana un premio o a un abogado que le fue bárbaro con un caso. Yo hace 17 años que estoy haciendo esto, sabés que los sucesos son efímeros. Yo me tomo el subte todos los días; ya me olvidé de Los Pells.
-Tampoco te molestó la cobertura chimentera de tu relación con Carla Peterson…
-La prensa es una consecuencia. Sí, el periodismo tiene que trabajar. ¡Y qué vas a hacer! Trato de preservar la intimidad, de ser lo más discreto posible. Pero no me importa mucho. No es algo que me deje sin dormir.
-Se te dio todo lo que imaginabas en tu casa natal, a 1.000 kilómetros de distancia, cuando eras un chico…
-Sí, claro que soñaba con todo esto. ¿Qué actor no se imagina siendo popular, conocido? No me imaginaba escribiendo en Los Andes, eso sí que no. ¡Pero ya ves!
Terminó el rodaje. Primer adelanto de “Miss Tacuarembó”
Entrevista a Mike Amigorena
PROTAGONIZARON LA SESIÓN DE FOTOS EN LOS SALONES DEL SHERATON RETIRO
Fue anoche en los salones del Sheraton Hotel del barrio de Retiro en esta capital. Natalia Oreiro oficializó el final del rodaje de “Miss Tacuarembó” con una sesión de fotos entre los hombres que la acompañaron en este nuevo trabajo realizado en tierras uruguayas.
Oreiro posó junto a Mike Amigorena, Diego Reinhold y Alex Sergi, lider de “Miranda”. Además, la actriz tuvo palabras para su director, Martín Sastre.
Recordemos que el film aborda el contraste entre las grandes aspiraciones infantiles de su protagonista, quien sueña con ser elegida la más bella de Tacuarembó y hacerse famosa, y su vida adulta, en Buenos Aires, donde recibe turistas en un parque temático dedicado a la Biblia. Además, al film protagonizado por Oreiro y Mike Amigorena, se sumará la española Rossy De Palma, legendaria “chica Almodóvar”, y una aparición de Graciela Borges, según indicó este portal ayer a modo de primicia.
Fuente: puroshow.com